Prisiones hechas con nuestras propias manos

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Hace un par de meses atrás, mientras leía un libro, llegué a un capítulo que describe una guerra antigua durante la cual los prisioneros del ejército rival fueron utilizados para fortificar las defensas de las ciudades. Esto no solo era trabajo libre, sino que tenía como propósito mantener a los prisioneros ocupados para que no tuvieran la energía para rebelarse o tratar de escapar. Al completar las defensas y varias estructuras, los prisioneros fueron puestos en prisiones; Estas habían sido construidas por ellos mismos. Esto fue muy interesante para mí. ¿Sabían acaso los prisioneros que estaban construyendo sus propias prisiones? De cualquier manera, al final del acaso se encontraron en prisiones hechas con sus propias manos.

No pude evitar ver el paralelo entre esta historia y donde a veces nos encontramos en la vida. Aunque espero que ninguno de nosotros nunca se encuentre en una prisión física, es cierto que podemos encontrarnos en una “prisión hecha con nuestras propias manos”.

Estas “prisiones” incluyen el estrés crónico, ansiedad, enfermedades, prejuicios, cinismo, timidez, dudas sobre uno mismo, creencias limitadas e incluso preocupaciones financieras. ¿Cómo creamos estas “prisiones”? De verdad todo comienza con nuestros pensamientos.

Earl Nightingale dijo, “Ahora eres, y te conviertes, en lo que piensas”. Creo que la mayoría de nosotros hemos escuchado alguna versión de esto. Nos han dicho que debemos cuidar nuestros pensamientos o que pensemos positivamente. ¿Pero por qué? ¿Por qué son los pensamientos tan importantes y qué papel juegan en la construcción de prisiones hechas por nosotros mismos? Hablando de manera general, es con nuestros pensamientos que creamos asociaciones, lo que crea nuestra percepción del mundo. El cerebro está haciendo esto todo el tiempo de manera que no tenga que repetir el aprendizaje continuamente.

Por ejemplo, cuando eras un niño, ¿alguna vez te quemaste la mano en la estufa? Fue doloroso, ¿no? Bueno, una vez (espero que no más de dos veces) es suficiente para que nuestros cerebros formen una asociación de que tocar una estufa caliente equivale a dolor. Ya que hemos creado esta asociación, sabemos que debemos evitar tocar una estufa caliente.

Este mismo proceso se usa también para cosas positivas, como asociar a los padres o cónyuge con amor o pasatiempos favoritos con diversión o paz. Sin embargo, el problema surge cuando creamos etiquetas basadas en información incompleta de una persona, lugar o cosa. Esto significa que podemos asociar dolor o sufrimiento con nuestro cónyuge, hijos, dinero o un millón de otras cosas que no son completamente ciertas. La manera en cómo pensamos de nuestro cónyuge o hijos es lo que se convierte en una asociación.

A medida que construimos estas asociaciones, se convierten en una forma habitual de pensar. Estos pensamientos habituales conducen a emociones, comportamientos y acciones habituales. Y antes de darnos cuenta, estamos creando vías neuronales en el cerebro que nos llevan a convertirnos en alguien que no queremos ser. Nos volvemos ansiosos todo el tiempo, o nos ofendemos o nos enojamos con facilidad. Y hasta llegamos a rechazar a nuestros seres queridos deliberadamente. Todos estos son lo que yo llamo prisiones hechas con nuestras propias manos; pensamientos, emociones o comportamientos habituales que nos impiden vivir una vida más feliz. La mayoría de las veces, lo único que nos impide disfrutar plenamente de la vida, nuestra familia, el trabajo, etc., son nuestras propias prisiones.

De nuevo, ¿por qué llamo a estas emociones prisiones? Digamos que hemos desarrollado timidez, y sentimos que no podemos hablar con los demás.  cuántas cosas estamos evitando a causa de esa timidez? ¿Podríamos estar perdiendo amistades maravillosas y relaciones que podrían enriquecer nuestras vidas? Si nos enojamos u ofendemos fácilmente, ¿podría esto evitar que experimentemos más amor, empatía y compasión? ¿Podría el orgullo alejarnos de sentimientos de gratitud, oportunidades de aprendizaje o desarrollar relaciones? Y así continuamos.

Sin embargo, hay buenas noticias. Es algo de lo que no se habla lo suficiente y que casi nadie cree. Es que SI podemos cambiar. Cuando digo esto, no lo digo en un sentido motivacional, pero desde un punto de vista biológico y fisiológico, nuestros cerebros están literalmente diseñados para cambiar. De hecho, estamos cambiando más a menudo de lo que creemos, para bien o para mal. Nuestros cerebros tienen plasticidad. Esto significa que pueden ser reconectados; las asociaciones que hemos creado se pueden cambiar. Podemos cambiar nuestros pensamientos, hábitos, comportamientos e incluso nuestras personalidades para estar en línea con el tipo de persona y vida que queremos tener. Podemos convertirnos en una persona que está llena de amor, o que logra sus metas, o que desarrolla grandes relaciones.

Cualquier persona que haya hecho un cambio sabe que, por lo general, no sucede de la noche a la mañana, sino más bien un día a la vez, poco a poco, con algunas fallas en el camino. Suceden cuando aplicamos un esfuerzo valiente y consistente. Para ayudar a las personas con esta tarea, hemos desarrollado nuestro programa Terapia Cognitiva, la cual es un curso de 6 semanas diseñado para proporcionar el conocimiento, herramientas y las técnicas necesarias para ayudar a rediseñar la mente. Invitamos a todos a que aprovechen de este curso.

Terminaremos con una nota más sobre prisiones hechas por nosotros mismos. Tal vez la prisión más común en el mundo hoy en día es la de sentirse siempre como la víctima o no asumir responsabilidad por nuestras propias acciones. Con mucha frecuencia escucho a la gente decir frases como “nunca podría hacer eso” o “así soy yo”. ¡Esta es una prisión hecha con nuestras manos! Esta forma de pensar nos impide crear una vida mejor, cambiar, tener relaciones más fuertes, etc. Cuando decimos “Así soy yo y no puedo cambiar”, estamos tirando la toalla y entonces decidimos que es más fácil no cambiar. Esta es una forma de pensar aprendida que hemos creado; pero recuerda… no nacimos de esta manera.

Tengo una hija de 7 meses que está aprendiendo a gatear. Ella se ha caído varias veces, perdió el equilibrio y se golpeó la cabeza. Sin embargo, nada de esto la ha detenido. Dudo mucho que alguna vez se haya dicho a sí misma: “Bueno, yo solo soy un bebé, así que supongo que nunca podré gatear”. ¡Eso es absurdo! Los niños saben que pueden cambiar. Ellos saben y confían en sí mismos que pueden aprender. Y nosotros también podemos. Ya sea que nos demos cuenta o no, hay cientos de miles de personas cambiando cada día. La única diferencia entre los que sí lo hacen, y los que no lo hacen, es que los que sí lo hacen, eligen actuar, y los que no cambian, optan por no actuar. En realidad, decir: “Así soy yo” proviene de una creencia limitada en nuestra propia capacidad de cambiar.

Como alguien que se ha liberado de “prisiones” y que todavía está trabajando para derribar unas cuantas más, puedo prometerles que el cambio no solo es posible, sino que también  valdrá la pena. La vida se vuelve mucho más dulce. Las relaciones se vuelven más enriquecidas. Incluso los negocios y el trabajo van mejor. No sucede de la noche a la mañana, pero es posible. Vale la pena. Entonces, ¿qué elegirás?

 

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