Amor y Prejuicio

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¿Te has preguntado cómo es que grandes hombres y mujeres realizaron tanto bien en el mundo? La Madre Teresa, Martin Luther King Jr., Florence Nightingale y muchos otros cumplieron hechos sin precedentes. Su servicio y visión cambiaron el mundo. Estos hombres y mujeres compartieron muchos atributos geniales, pero he descubierto que hay un factor subyacente, ya veces poco apreciado, en su labor. Ellos verdaderamente amaban a la gente.

Desde un punto de vista fisiológico, el amor cambia nuestra bioquímica. Cuando amamos, se produce un flujo de hormonas y neurotransmisores específicos. Químicos, tal como la dopamina, adrenalina, y norepinefrina, crean cambios en nuestros niveles de energía y cambian nuestro enfoque y deseos. Ayudan a activar partes específicas del cerebro y nuestra memoria que nos hace sentir compasión, conexión y empatía. Nuestro enfoque también se cambia, dirigiéndonos más a las necesidades de otros. Es por eso que puedes sentir el deseo de aliviar el sufrimiento de alguien que nunca has conocido. Ya sea que te des cuenta o no, estos sentimientos sirven como la base del amor.  

Sin embargo, por la mayor parte, no siempre tenemos compasión por los extraños. ¿Por qué será que hay momentos que tenemos ganas de ayuda, mientras que hay otros momentos en que no las tenemos? La respuesta tiene que ver con la manera en que nos hemos condicionado nuestro cerebro. Es posible, y común, que tengamos pensamientos negativos que, cuando los entretenemos, producen nuevos circuitos en el cerebro que inducen asociaciones corrosivas. Estas asociaciones nos llevan a prejuicios. Los prejuicios hacen que sea casi imposible amar a extraños. ¿Cómo podría amar a alguien si cree que es un terrorista, un fanático, poco inteligente, menos humano, inferior o cualquier asociación irracional que hayamos creado?

A lo largo de la historia, los prejuicios han sido una causa principal de las guerras y otros actos de violencia y discriminación. Aun si no tienes el deseo de lastimar a alguien, todos hemos creado alguna forma de prejuicio en nuestras mentes. Piénsalo, ¿tienes algún tipo de sentimiento negativo hacia ciertos tipos de personas? Podría ser por su raza, religión (o la falta de ella), cómo se visten, cómo hablan, cuán altos o bajos son, cuánto dinero tienen, su nivel de educación, cuánto más “exitosos” son que tú, o tantas otras cosas. Lo que quiero decir es que si pensar o estar cerca de ciertas personas o grupos causa emociones negativas (enojo, miedo, celos, sentirse superior, etc.) significa que hay prejuicios que has acumulado, especialmente si no conoces a la persona.

Tenga en cuenta que, mediante el diálogo interno, también podemos crear prejuicios y etiquetas negativas contra nosotros mismos. Puede ser que pensamos que no somos suficientemente ricos, lo suficientemente fuertes, lo suficientemente delgados, etc. Tener prejuicios contra nosotros mismos hace que sea difícil amar a los demás ya que tendemos a sentir celosos de aquellos que tienen lo que creemos que nos falta.

La buena noticia es que podemos eliminar nuestros prejuicios. Podemos crear nuevas asociaciones que nos permitan amar a los demás y convertirnos en las mejores versiones de nosotros mismos. El cerebro tiene plasticidad, lo que literalmente nos permite remodelar nuestras creencias, puntos de vista y asociaciones negativas; podemos literalmente cambiar nuestros cerebros. El viejo adagio de que “no se pueden enseñar trucos nuevos a un perro viejo” es falso. Sí puedes enseñar trucos nuevos a un perro viejo, y la gente lo prueba cada día. Ya sea que nos hayamos etiquetado a nosotros mismos o a otros, los prejuicios limitan nuestra vida y nuestro potencial para crear un futuro mejor. Solo cuando derribemos los muros de nuestros propios prejuicios creados por nosotros mismos podemos amar verdaderamente a los demás, sin importar su religión, sexo, raza o creencias políticas.

Lo mismo es cierto de cualquier otro tipo de pensamiento negativo o comportamiento que nos impida amar a los demás (o a nosotros mismos). Ya sea el estrés crónico, ansiedad, cinismo, pesimismo o cualquiera que sea el caso. Si te has sentido atrapada por prejuicios o asociaciones negativas, si has querido mejorar, pero has fallado, sepas que hay esperanza. Nadie está condenado a su misma manera de pensar, a su misma forma de ser; estamos hechos para cambiar.

Cuando amamos libremente a otros, más allá de nuestros propios amigos y familiares, la vida es más dulce. Todos se hacen amigos; un hermano o hermana. Podemos ver a los demás como realmente son y el gran potencial que reside en ellos. Estamos más motivados para servir; estamos más energizados y estamos más creativos. Entonces, si quieres cambiar el mundo, tu comunidad o simplemente cambiarte a ti mismo, comienza con el amor.

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