La infección crónica

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Las infecciones ocurren cuando los microbios que llevan enfermedades entran a los tejidos de nuestro cuerpo y se multiplican.  Los agentes infecciosos incluyen virus, bacterias, hongos, la tiña y parásitos.

Las reacciones que nuestro cuerpo experimenta debido a estos organismos, por las toxinas que producen, crean enfermedades infecciosas. Podemos ver la evidencia clínica de las enfermedades causadas por las infecciones, en el crecimiento de los microorganismos patogénicos que ocurren en una persona.

Nuestros cuerpos combaten las infecciones por medio del sistema inmunológico.  Las células tienen un mecanismo para destruir estos agentes malignos si entran la célula; reaccionan a las infecciones con una respuesta innata, la cual a menudo involucra la inflamación, la fiebre, los dolores de cabeza y falta de energía. Estos problemas, por lo general, vienen como una respuesta rápida del cuerpo, en un esfuerzo de defenderse de cualquier invasor extranjero.

Las medicinas farmacológicas, que se enfocan en las infecciones y los patógenos, se basan de elementos sintéticos que imitan a los antibióticos naturales. Generalmente, los médicos usan drogas específicas tales como los antibióticos, los antivirales, los anti-hongos y los anti-protozoarios. Aunque estas drogas funcionen y maten a las bacterias, tenemos que recordar que las bacterias se comunican entre sí, pasando información concerniente al ambiente, la disponibilidad de la comida, las toxinas, la presencia de agua, los químicos y los agentes venenosos para ellas.

Para asegurar su sobre vivencia, dejan de multiplicarse y se encapsulan, si las condiciones empiezan a cambiar y se hacen desfavorables. Una vez encapsuladas, los químicos no pueden pasar su membrana. Esto significa que los patógenos sobreviven en una forma encapsulada dentro de los tejidos de nuestro cuerpo. Aquí esperan hasta que las condiciones cambien para que puedan salir de sus capullos y comenzar a multiplicarse nuevamente.

Aún con todo el conocimiento que los científicos han descubierto en cuanto a este mecanismo de defensa de las bacterias, los antibióticos todavía se continúan utilizando. A pesar de que realmente los antibióticos matan una gran cantidad de bacterias, es importante recordar que algunas bacterias siempre se van a encapsular. Aún que, podemos comenzar a sentirnos mejor, si nuestro sistema inmune se encuentra débil la bacteria encapsulada se queda en el organismo. Aunque la bacteria no hará daño en este estado, se pueden mantener en el interior o exterior de nuestras células hasta que haya un ambiente óptimo para que salgan e infecten nuestro cuerpo nuevamente.

Si no se cambiamos a nuestro estilo de vida, las re-infecciones ocurrirán siempre, no importa cuántos antibióticos pongamos en nuestro sistema. Estas re-infecciones pueden ocurrir en semanas, meses, o hasta años más tarde. Generalmente, los doctores son educados sobre estos peligros, sin embargo, por lo general, recetarán otro antibiótico diferente, después que el anterior pierde su eficacia. El problema con esto, es que los patógenos pasarán por el mismo proceso  y eventualmente se hará resistentes al nuevo antibiótico también. Este ciclo orilla a tener un sistema inmunológico debilitado y una tasa mayor de re-infección.

Otra nota importante en cuanto a los antibióticos es que el uso excesivo puede perjudicar a las “bacterias buenas” que viven en nuestros intestinos. Estas bacterias desarrollan un trabajo importante tocante a nuestra salud. Ayudan a impedir el crecimiento de bacterias dañinas, alertan al sistema inmunológico de cualquier cambio y crean un producto secundario que ayuda a mantener saludable a nuestros intestinos. También ayudan con nuestro metabolismo. Si estas poblaciones de bacterias buenas cambian, nuestra salud se debilita.

El abordar de raíz el problema, es clave para solucionar los problemas de la infección crónica. Permítanme explicar un poco más.

Nuestro cuerpo consiste aproximadamente de 60 trillones de células.  El 20% de estas células, (aprox.12 trillones) son células inmunológicas, diseñadas para reconocer cualquier agente que no pertenezca al cuerpo, tales como las bacterias “malas”, virus, toxinas, hongos, células cancerosas, etcétera. Las células inmunes llevan armas para destruir estos agentes dañinos o células enfermas. Su respuesta es inmediata y eficaz. Además, las células inmunes no pueden vivir fuera del cuerpo. Estas células inmunes están estratégicamente colocadas y están patrullando continuamente para protegernos. Uno de los hechos más intrigantes de las células inmunes, es que contienen información sobre más de 200 tipos de células, proporcionándoles la habilidad de distinguir entre una célula amiga o enemiga. Estas se comunican con nuestro cerebro por medio de neurotransmisores y hormonas.

Existen diferentes tipos de células inmunes. Algunas identifican al enemigo, algunas los marcan, algunas leerán la información enemiga. Algunas matan, y algunas se encargan de limpiar después. Este sistema entero es asombroso. Si toda esta protección está funcionando correctamente, es casi imposible enfermarse. Por cierto, cualquier infección viral no duraría ni pocas horas, si el sistema inmunológico está funcionando bien. En realidad, la mayoría de las bacterias no son nuestros enemigos. Hay bacterias viviendo en casi todo lugar en nuestro cuerpo.  Cada una de estas bacterias hace algo para ayudarnos, tal como protegernos de las amenazas externas.

El verdadero problema aparece cuando nuestro sistema inmunológico no está en su condición óptima. Las infecciones virales, tales como la influenza y las infecciones bacterianas, duraran más tiempo cuando nuestro sistema inmunológico no puede combatir estos invasores suficientemente rápido. Es por esto que estas infecciones duran por días o hasta semanas. Cuando se usan antibióticos, el problema se hace más serio. Sea cual sea el caso, lo que está a la raíz del problema es un sistema inmunológico enfermo o débil que no puede funcionar como debe. Aquí están algunas razones que lo causan:

El estrés crónico afecta el timo. El timo es la glándula que regula la producción y actividad inmunológica,  Mucho estrés genera en un exceso de cortisol, el cual afecta nuestra respuesta inmunológica y perjudica esta glándula.  El bazo y su comunicación con las neuronas por medio de los neurotransmisores también son afectados.  El estrés crónico afecta la producción hormonal, afectando nuestro metabolismo. Los problemas de sobrepeso, incluso la obesidad, a menudo son los resultados de baja función metabólica.

La falta de sueño también es un problema para el sistema inmunológico. Muchas reparaciones se realizan en el cuerpo mientras dormimos. Cuando estamos dormidos, también se llevan a cabo la desintoxicación, la reparación de los circuitos del cerebro, la producción y el balance de los neurotransmisores.

Otra posible razón de un sistema inmunológico comprometido es la inflamación crónica. Los problemas de sobrepeso y otras dolencias sin resolver producen la inflamación crónica. Normalmente, la inflamación es la respuesta natural del proceso de sanación, sin embargo, la inflamación crónica es una indicación de que la sanación normal no se está realizando. La inflamación persistente afecta el sistema inmunológico y puede causar confusión, entonces las células inmunológicas atacan células y tejidos sanos.

La mala nutrición también afecta el sistema inmunológico. La mala nutrición conduce a la producción de células enfermas y débiles. Sin la nutrición apropiada, el cuerpo no puede funcionar de la misma manera porque está gastando demasiado tiempo y energía, tratando de eliminar a las células enfermas. La falta de nutrientes significa que hay una deficiencia de energía utilizable en el nivel celular. Las funciones celulares normales se hacen arduas. Si un órgano empieza a debilitarse, otros órganos también se afectan. Esto se debe a la naturaleza de los tejidos diferentes en nuestro cuerpo, afectándose unos a otros. Cuando existe una enfermedad o falta de nutrición en alguna área, otras áreas siempre son afectadas. Esto pone a las células inmunológicas en desventaja cuando tratan de controlar una invasión o infección.

La mala nutrición también afecta a nuestra flora intestinal. Piénselo, estas bacterias amigas comen lo que nosotros comemos. Así que, se verán afectadas por la falta de fibra o por el exceso de azúcar y los químicos en las comidas procesadas. Ya hemos hablado; de cómo necesitamos bacterias buenas en nuestro tracto digestivo para ayudar a protegernos contra las infecciones. La falta de fibra, en particular, es un problema muy serio para nuestros intestinos, porque las buenas bacterias comen esta fibra. A medida que lo hacen, producen un tipo de moco que crea una barrera en nuestros intestinos, que mantiene fuera los microorganismos dañinos, impidiéndoles llegar a estar en contacto directo con los tejidos intestinales.

Aquí, compartiremos algunos consejos para mantener saludable nuestro sistema inmunológico. Comer bien. Tome mucha agua; eso quiere decir de 8 a 10 vasos con agua al día para los adultos. También necesitamos por lo menos 7 horas de sueño cada noche. Igual de importante es controlar nuestro estrés. Evite el fumar y tomar. Haga ejercicio o alguna otra actividad física por lo menos 20 minutos al día, 4 veces por semana. Cuando este lidiando con estos problemas, el uso del protocolo de Phytotherapi Infección también puede ayudar a reducir la re-infección y ayudará en apoyar el sistema inmunológico y las defensas del cuerpo.

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